miércoles, 17 de febrero de 2016



LO QUE NUNCA IMAGINÉ

  Ahí estaba yo ejerciendo mi trabajo como cada día, haciendo los controles por la SE-30, a ver quién se pasaba del límite de velocidad, y después lógicamente, ir tras el conductor para retenerlo y multarle, como de costumbre.
   Me encontraba en una de estas típicas carreteras de albero, que se dirigen hacia los cortijos.
   Era un día raro, apenas pasaban coches, estaba bastante nublado, pero a pesar de eso, había algo que no me permitía mirar con claridad. No sabía si era por cansancio, los problemas de vista que ya empezaba a tener con la edad o por el tiempo tan exótico al que no estaba acostumbrado.
   De momento, estaba yo tan tranquilo, acariciando suavemente mi calva cabeza, y vi un coche acercándose muy muy rápido. Fui a salir un poco del camino para ver si frenaba, o aunque fuera, que hiciese el intento. Puse las luces y el altavoz, pero nada de esto fue útil.
   El conductor del otro coche chocó contra mí, y mi vehículo voló por los aires; no paraba de dar vueltas, no era consciente de nada.
   Nada más el coche paró de girar y volví a tener consciencia de lo que pasaba, salí para ayudar a los ocupantes del otro auto. Los tres estábamos atónitos por lo sucedido, aunque a ellos había algo en los rostros que me transmitían una grave preocupación, que tenían muchísimo temor. Por sus expresiones faciales parecía que el mundo se les había echado encima...que todo había acabado.
   Buen pasado un rato, un señor que pasaba por allí y contempló la escena, no dudó en llamar rápidamente a urgencias y comunicar que vinieran a socorrernos.
   Ya con nosotros las ambulancias, grúas y patrullas policiales, vi algo extraño, se llevaban a los dos hombres, pero retenidos, y no me explicaba el por qué.
   Se acercaron los médicos y algunos policías para preguntarme que cómo me encontraba. Mientras los doctores me curaban mis leves heridas, ante mi extraña curiosidad, le pregunté a los agentes el por qué se habían llevado a esas personas detenidas. Me contaron que los dos andaban bajo los efectos de estupefacientes, que el conductor no tenía carnet de conducir y que al comprobar sus historiales de antecedentes, eran unas personas muy buscadas por robos y algún que otro hurto. Para sorpresa de todos... ¡el coche era robado! No nos lo podíamos creer.
  Finalmente, la ambulancia me llevó a mi hogar y las grúas se llevaron los coches en mal estado.
   Gracias a Dios, todo quedó en un pequeño susto para mí. Sería una anécdota más que narrar y una satisfacción saber que a pesar del percance, no había más que rasguños sobre mi piel que no tenían importancia.

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